¿Por qué unos premios para reconocer el buen uso de las redes sociales?
 

“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida el derecho a expresarlo”. La frase de Voltaire refleja la atención y la preocupación con las que las sociedades contemporáneas han asumido, reconocido y defendido la libertad de expresión desde la invención de la imprenta hasta la irrupción de los medios audiovisuales.

Más recientemente, la expansión de internet y sobre todo de las redes sociales han puesto de relevancia la dificultad en establecer la frontera de esa libertad. ¿Dónde está el límite? ¿En el mal gusto, en lo que separa la verdad de la mentira, en el interés en generar perjuicio a un tercero erosionando su credibilidad o su prestigio, o incluso en el deseo de generar odio contra los que profesan otras creencias religiosas u otra ideología?

Cuando se destaca tan a menudo “lo malo” de las redes sociales (las “fake news”, los montajes artificiales y engañosos con fines políticos, las injerencias extranjeras sobre los procesos electorales en los países democráticos, el acoso, el “bullying”, el tiempo excesivo que les dedican nuestros hijos e incluso la incitación al odio a la que invita el anonimato) se olvida que ni Goebbels ni los inductores del genocidio de Ruanda dispusieron de ellas para incubar entre la población (la alemana era en los años 30 la sociedad más culta de Europa) el desprecio a los diferentes y llegar a sustraerles, incluso, la condición de seres humanos.

Sin embargo, ¿no habría podido influir la presión de las redes sociales, de haber existido entonces, en que las Naciones Unidas hubiesen actuado con mayor decisión y prontitud para frenar el genocidio de los tutsis y hutus moderados en Ruanda? ¿O que los aliados hubiesen bombardeado las vías de tren que conducían a los campos de exterminio o que hubiesen avanzado más rápidamente para liberarlos? Indudablemente, sí. Sin duda habrían obligado a los líderes políticos a actuar de forma diferente y alterar la prioridad de los objetivos.

Luego el debate no es si un medio de comunicación es intrínsecamente positivo o pernicioso, sino el uso que se hace de él y si los medios disponibles por las autoridades judiciales independientes son lo suficientemente avanzados y efectivos para actuar con prontitud cuando alguien considera sus derechos erosionados.

En 2019 se cumplen 15 años desde el nacimiento de Facebook y desde la Fundación Mutua Madrileña creemos que puede ser una buena oportunidad para poner en valor las virtudes de las redes sociales como denunciantes de la injusticia social, como altavoz de los más desfavorecidos, como conductoras de la emoción y la sensibilidad, como “ventiladoras” del sentimiento de generosidad, como generadoras de apoyo y solidaridad, como difusoras de la cultura y como expansoras del conocimiento y la información veraz. Ejemplos sobran. Desde aquí vamos a reconocerlos, ensalzarlos y premiarlos.