LAS REDES SOCIALES CAMBIAN NUESTRA PERSONALIDAD

LAS REDES SOCIALES CAMBIAN NUESTRA PERSONALIDAD

Valorar a la gente a base de likes, mostrar solo el lado bueno de las cosas, wasapear en lugar de quedar… son tan solo algunos ejemplos de cómo las redes sociales, más allá de haber provocado cambios en la manera de sociabilizar, también afectan a nuestra personalidad.

Si la revolución industrial fue la causante de muchos de los cambios económicos y sociales que se produjeron en el siglo XIX, no hay duda de que en la actualidad todas esas transformaciones vienen marcadas por la revolución tecnológica. Internet nos ha permitido tener acceso a todo tipo de información a través de una pantalla, ha agrandado y facilitado todo tipo de comunicaciones y ha modificado la manera de trabajar, pero las redes sociales han dado un paso más llegando incluso a provocar cambios en la personalidad.

En los siglos anteriores la sociedad solo vivía para trabajar y hoy en día podemos decir que, en cierta manera, somos esclavos de la tecnología: un mundo donde la globalización está al alcance de la mano, donde juzgamos todo a base de “likes” y que lo que más importa es ser visto y mostrar solo el lado bueno, no es un mundo real y para poder ser uno de los protagonistas tienes que aceptar esas reglas del juego, lo que ha provocado, además de cambios en la manera de sociabilizar, cambios en nuestra personalidad.

Porque, ¿cuántas veces has wasapeado con tus amigos en lugar de quedar directamente con ellos? ¿o has preferido dar una noticia a través de las redes en vez de compartirla en persona? ¿o estás más pendiente de subir las fotos que de disfrutar en ese momento de lo que estás viendo? Estos son tan solo algunos ejemplos de cómo las redes sociales están cambiando nuestra manera de comportarnos.

Si a todo esto añadimos el hecho de que las redes solo nos muestran cosas bonitas y positivas está claro que, en cierta manera, nos están obligando a cambiar nuestra personalidad para poder pertenecer al mundo actual, hecho que se refleja, sobre todo, en colectivos más vulnerables como son los adolescentes.

En este sentido, The Wall Street Journal acaba de sacar a la luz unos documentos internos en los que Instagram admite que crea “un importante problema de salud mental a los adolescentes”, publicando datos como que el 32% de las jóvenes que se sienten mal con su cuerpo lo pasan peor cuando entran en la red social, de lo que se deduce que “las comparaciones en Instagram pueden llegar a cambiar la forma en que las jóvenes se contemplan a sí mismas”. Todo esto, como certifica el propio estudio, provoca en las adolescentes “niveles crecientes de ansiedad y depresión”.

Lejos de pasar por alto el estudio de The Wall Street Journal, Facebook ha reconocido que Instagram es una red “tóxica” y, en un comunicado ha explicado que Instagram planea motivar a sus usuarios a que no solo vean contenido que promueve el arquetipo del ideal femenino: “Estamos trabajando cada vez más en las comparaciones y en la imagen negativa del cuerpo y en cómo abordar el hecho de que la gente se concentre en ese tipo de imágenes”. Y añaden: “Nuestro objetivo es asegurarnos de que las personas se sientan bien con la experiencia que tienen en Instagram y lograrlo es algo que nos importa mucho”.

Al margen de toda esta polémica, no está de más pararnos a pensar en el uso que le damos a las redes sociales y tener controlado en todo momento en qué medida están influyendo en nuestra personalidad y si nos compensa.